Genésis en Invernadero: el orígen Calabacero
Les contaré una historia íntima acerca de mi abuelo Felipe Calabacero. Esto motivado a raíz de que se ha formado en FACEBOOK un grupo con todos quienes tenemos dicho apellido. Confieso que siempre he sido un tipo individualista, no por mala onda, sino más bien por un historial de supervivencia y auto superación personal desde muy niño, con una fuerte influencia de mi madre en términos de que siempre me preparó para un mundo duro del cual no debes esperar nada, sino que debes luchar por lo que quieres. Por ello nunca tuve cercanía con la familia que no fuera mi núcleo directo, ni siquiera por el lado de mi padre que tiene muchos familiares a quienes si conocí desde niño y estuve cerca de ellos.
Sin embargo, esto de armar y pertenecer a un grupo que se pregunta acerca de si somos o no personas con algún vínculo de sangre común, me parece tremendamente motivador e interesante, debo confesar con inusitado asombro.
pero bueno, ahí les va mi historia:
Yo viví gran parte de mi niñez con el abuelo, en Arica y luego en Rancagua. Recuerdo hoy que lo quise mucho, así como hoy veo que mi hijo de 5 años quiere a su tata. Recuerdo que él me acompañaba siempre, me enseñaba tonteras, a comer hormigas, en fin; cosas que siempre irritaban a mi madre. El abuelo tenía un problema, era alcohólico y si bien tenía periodos de abstinencia a medias, llegaba un momento que no se podía aguantar y se perdía, y en la casa llegaba mal y peleaba con mi madre. Creo que eso fue el motivo de la separación. Dejé de ver al abuelo a los 10 años, se fue sin avisar y nunca supimos más de él.
El año 1991 me vine desde Rancagua a Copiapó a estudiar a la Universidad, Ingeniería en Metalurgia. En diciembre de ese mismo año, en plena época de exámenes en la universidad; un día viernes a medio día lo vi en la plaza de Copiapó, concretamente en calle Chacabuco con Carrera, camino hacia la Catedral. Lo seguí dos cuadras en el centro, él dobló en la Catedral por O’Higgins, yo a 5 metros de él. No estaba seguro si era o no, pero tenía su mismo porte y además caminaba con sus dos manos tomadas atrás, era él. Le hablé, estaba viejito, pero nos emocionamos al encontrarnos. Recuerdo que estábamos frente de la salida del COIMBRA, donde están las oficinas de la Telefónica, y dos tipas vestidas de telefónica miraban con cara de “qué lindo, que emoción” (es posible que alguna de ellas estuviera más o menos pero no me fijé mucho en ello).
Yo tenía examen de Química el lunes y me iba el fin de semana donde un amigo que vive lejos de Copiapó, en Viñita Azul, a estudiar; y quedamos de reencontrarnos después de eso. Le di dirección de mi pensión. Falleció ese fin de semana de un ataque cardíaco.
Un primo que no conocía (Juan Carlos, idéntico a mi abuelo) me fue a avisar en medio de mi examen. El ayudante y el profesor quedaron para adentro, y terminé mi examen y fui a conocer muchos parientes, que no volví a ver, excepto el tío Felipe. Debí contarle a mi madre por teléfono en el mismo rato que había reencontrado a mi abuelo, y que este había fallecido, todo en tres días.
He ido a ver al tío Felipe a Calama un par de veces, lo quiero mucho, le tengo mucho afecto y estima, lo mismo que a mi prima Sandrita, mi tía Estrella. Y me he enterado que el abuelo era todo un hombre. Algún día hablaré más de eso.
Sin embargo, esto de armar y pertenecer a un grupo que se pregunta acerca de si somos o no personas con algún vínculo de sangre común, me parece tremendamente motivador e interesante, debo confesar con inusitado asombro.
pero bueno, ahí les va mi historia:
Yo viví gran parte de mi niñez con el abuelo, en Arica y luego en Rancagua. Recuerdo hoy que lo quise mucho, así como hoy veo que mi hijo de 5 años quiere a su tata. Recuerdo que él me acompañaba siempre, me enseñaba tonteras, a comer hormigas, en fin; cosas que siempre irritaban a mi madre. El abuelo tenía un problema, era alcohólico y si bien tenía periodos de abstinencia a medias, llegaba un momento que no se podía aguantar y se perdía, y en la casa llegaba mal y peleaba con mi madre. Creo que eso fue el motivo de la separación. Dejé de ver al abuelo a los 10 años, se fue sin avisar y nunca supimos más de él.
El año 1991 me vine desde Rancagua a Copiapó a estudiar a la Universidad, Ingeniería en Metalurgia. En diciembre de ese mismo año, en plena época de exámenes en la universidad; un día viernes a medio día lo vi en la plaza de Copiapó, concretamente en calle Chacabuco con Carrera, camino hacia la Catedral. Lo seguí dos cuadras en el centro, él dobló en la Catedral por O’Higgins, yo a 5 metros de él. No estaba seguro si era o no, pero tenía su mismo porte y además caminaba con sus dos manos tomadas atrás, era él. Le hablé, estaba viejito, pero nos emocionamos al encontrarnos. Recuerdo que estábamos frente de la salida del COIMBRA, donde están las oficinas de la Telefónica, y dos tipas vestidas de telefónica miraban con cara de “qué lindo, que emoción” (es posible que alguna de ellas estuviera más o menos pero no me fijé mucho en ello).
Yo tenía examen de Química el lunes y me iba el fin de semana donde un amigo que vive lejos de Copiapó, en Viñita Azul, a estudiar; y quedamos de reencontrarnos después de eso. Le di dirección de mi pensión. Falleció ese fin de semana de un ataque cardíaco.
Un primo que no conocía (Juan Carlos, idéntico a mi abuelo) me fue a avisar en medio de mi examen. El ayudante y el profesor quedaron para adentro, y terminé mi examen y fui a conocer muchos parientes, que no volví a ver, excepto el tío Felipe. Debí contarle a mi madre por teléfono en el mismo rato que había reencontrado a mi abuelo, y que este había fallecido, todo en tres días.
He ido a ver al tío Felipe a Calama un par de veces, lo quiero mucho, le tengo mucho afecto y estima, lo mismo que a mi prima Sandrita, mi tía Estrella. Y me he enterado que el abuelo era todo un hombre. Algún día hablaré más de eso.

